LA CASITA DE MADERA El hombre tallaba el mosquete con primor, sin más afán que completar su colección de armas de fuego. Tenía paciencia, no había prisa; hacía tiempo que nadie se interesaba por sus trabajos. Ahora cualquiera podía adquirir —por Internet— un producto similar y más barato. Lo artesanal había perdido todo el valor. Miró el reloj. Faltaban pocos minutos para las 2, así que pensó que el potaje de garbanzos ya estaría de sobra cocido. Dejó su labor y preparó dos platos. Él, de momento, no tenía hambre; ya comería después. Cogió una bandeja y depositó la comida, los cubiertos y el agua. Por último, añadió dos onzas de chocolate (a los niños solía gustarle). Subió por las estrechas escaleras con cuidado de no tropezar. En los últimos tiempos se encontraba algo torpe — los años no perdonaban —, y se arrepentía de no haber vendido la casa tiempo atrás, cuando aquel comprador extranjero había ofrecido una suma considerable. Con lo bien que le habría venido en esos moment...
Entradas
Mostrando entradas de julio, 2021