AVENTURAS
Y DESVENTURAS DE UN AUTOR INDIE
¡Hola a todos! Soy
una escritora independiente. No, por favor, sigue leyendo unas líneas más, no
tires la toalla tan pronto. Sí, escribo; y —si estoy orgullosa del resultado—
autopublico. Ya, ya sé, eso lo puede hacer cualquiera (autopublicar, digo),
pero eso no quiere decir que todos los autores indies sean mediocres (no estoy
hablando de mi caso en particular; eso, que lo juzguen los lectores).
Al primer familiar al que le conté que había escrito una novela —y
tenía intención de autoeditarla con Amazon— casi cae en shock. Estábamos en un
McDonald´s (nunca lo olvidaré) una tarde soleada de verano. Los niños jugaban
felices en el tobogán y Melendi sonaba a través de los altavoces; todo se confabulaba
a mi favor para soltar la bomba. Su primera frase, después de la cara de
incredulidad, fue: pero, sabes que eso hay que hacerlo bien, ¿no? Yo, que soy
de echármelo todo a la espalda y tomarme las cosas con humor, solté alguna
parida (no me acuerdo, no; lo que permanece fue la duda en la boca de, bueno,
no importa quién) y me reí. Pero agradezco que verbalizara lo que casi todos,
con sus miradas, expresaron en su día. Sí, a priori, lo que la gente de alrededor
piensa es en el fracaso (palabra difícil de definir, porque ¿qué es el éxito?
¿Se reduce a amasar una fortuna?).
Y eso es solo la primera fase, cuando —con toda la ilusión e inocencia
del mundo—decides contar a tu pequeño mundo tus grandiosos planes. Después, ¡ay
después! Un autor con editorial escribe y no se tiene que preocupar de nada más
(o casi). La corrección (que sí, que hasta los grandes comenten errores), la
portada, la contraportada, la espina, la maquetación, y un largo etcétera, corre
a cargo de la editorial. Huelga decir a quién corresponde todo eso en el caso
de un independiente… Algunos pagan por ello (mucho ojo con esto: hay
correctores y maquetadores “indie” también). En mi caso, yo me ocupé de todo
(miento: mi marido me echó un cable con las correcciones y con lo que se
terció). Sí, parece fácil corregir una novela; pero el ojo es un traidor y, a
veces, las palabras se disfrazan, se esconden, burlándose de ti, en una
simbiosis perfecta con el blanco del folio, que hace que pasen desapercibidos
los fallos más evidentes. ¡Pero si hasta he comprado best sellers con faltas!
Aunque, cuando lees un best seller, no las buscas; en cambio, cuando lees el
libro que escribió el pringado del vecino…
Vale, ya hemos subido a nuestra plataforma seleccionada la novela que
nos catapultará a la fama mundial, corregida, con una portada más o menos… bueno,
una portada, y maquetada con sus páginas numeradas y su índice y su todo. ¿Y
ahora? ¿Nos sentamos a esperar a que los lectores compren nuestra “afamada”
novela? Bueno, quizás en algún caso la gracia divina haya intervenido y lanzado
a los primeros puestos de ventas a una novela indie de un autor desconocido. Por
desgracia, las cosas no suelen funcionar así, y no queda otra que recurrir a
las redes sociales para publicitar tu trabajo. Y eso, ¿cómo se hace? Buena
pregunta, pero como todo: desde abajo y aprendiendo de los errores; rezando
para que un autor con más experiencia te vea en el limbo y te rescate
tendiéndote una mano. En el camino encontrarás buitres, salidos, gente aprovechada
y oportunista, pero —si tienes suerte como yo— también irás cosechando colegas,
puede que amigos (si primero has sembrado, claro).
Ah, y mientras haces eso de promocionar —eso que, si quieres un mínimo
de impacto, te llevará una media de 2 o 3 horas al día, que hará que vivas
obsesionado con los tuits, retuits y me gusta— tienes que sacar tiempo para
trabajar y la familia: vivir, en definitiva. Y, por supuesto —si te consideras
escritor— lo más importante y para lo que todo esto cobra sentido: escribir.
No quiero desanimar a esos autores que todavía están dubitativos; a
esos que se sienten inseguros cuando alguien lee sus escritos. No, yo no me arrepiento
de haber autopublicado. Voy con la cabeza alta —siempre— porque sé que, algún
día, escribiré la novela perfecta, la enviaré a las grandes editoriales y… volveré
a autopublicar.
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